El griego koiné era un legado de la conquista de Alejandro Magno quien, antes de su muerte en 323 a. de C., unió Asia Menor y el norte de África con los estados griegos. Aunque después de fallecido, su imperio no permaneció unido por mucho tiempo, un lenguaje griego común (gr. koiné) continuó a imperar en las tierras que conquistó y vino a ser el lenguaje común de la cuenca del Mediterráneo.
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Durante el tercer siglo a. de C., eruditos judíos que vivían en Alejandría en Egipto tradujeron las Santas Escrituras hebreas al griego. Esto hicieron primordialmente para que los judíos fuera de Palestina, muchos de los cuales no leían bien el hebreo, pudieran tener las escrituras en un idioma que entendían— el griego koiné. Esta traducción era ya ampliamente difundida y utilizada cuando el evangelio empezó a ser predicada durante el primer siglo de nuestra era.
Aunque el imperio romano vino a reemplazar la hegemonía de los gobiernos griegos que Alejandro había dejado, el griego koiné continuó como lengua común de todo el mundo mediterráneo. Durante el primer siglo, aun en Roma misma donde se centraba el uso del latín, el Apóstol Pablo podía escribir a la iglesia que se radicada allí utilizando el idioma griego. El griego perduró como lenguaje común hasta tiempos del emperador Justiniano durante el sexto siglo, y dejó sus huellas en la terminología usada por los seguidores gentiles del Mesías.
Hacia fines del primer siglo de nuestra era, decisiones y acciones tomadas por un grupo de rabinos influyentes de la escuela en Yabné efectivamente excluyeron a los Nazarenos de la vida religiosa de las sinagogas. Sin acogida en la tierra de su nacimiento, el cristianismo se desarrolló como un árbol transplantado en la tierra del mundo helénico. Esto tuvo el efecto que las cuestiones de especial interés a la mente griega tienen sus respuestas claramente delineadas en la teología cristiana. Y ha resultado en que los términos que definen la comunidad mesiánica en muchos de sus oficios y funciones son los que vinieron de este ámbito griego, los cuales han perdurado hasta el día de hoy.
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