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Al judío mesiánico:bienvenido a la comunidad de fe en el Mesías |
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Estamos viviendo días muy señalados en la economía de la salvación y del plan de Dios. Un indicio de esto es que cada vez más personas judías están reconociendo que el que el judaísmo, hace veinte siglos, rechazó es el tan esperado Mesías. Son de estas personas que se denominan judíos mesiánicos, y es a éstos en particular que se dirige esta página.
Es cierto que la persona judía que no reconoce al Nazareno y todavía espera la venida del Mesías podría en cierto sentido llamarse «judío mesiánico». Pero aquí lo empleamos para referir a los que han recibido a Jesús de Nazaret como el Ungido de Dios, profetizado por las Sagradas Escrituras y manifestado para la salvación de los que en él creen.
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Primero, si Ud. ha reconocido a Jesús de Nazaret como el Mesías, quiero extenderle una bienvenida a la comunidad de fe. Los que disfrutamos de esta comunión hemos sido unidos con el Mesías por medio de su muerte redentora, levantados a nueva vida en él, y santificados en un sólo cuerpo a Dios. De diferentes caminos hemos llegado a él pero su sola sangre nos ha lavado a todos, y su sacrificio único nos ha redimido. Por una sola resurrección nos ha declarado justos, y porque ahora reina a la diestra del Padre, todos los que creemos tenemos acceso por la fe en él a la presencia y el poder de Dios en un mismo nombre— el de Jesús de Nazaret, inmolado, resucitado, y glorificado por los que en él creemos.
Aunque la experiencia de cada uno de nosotros en nuestro encuentro con el Mesías sea muy personal, todos los que hemos sido alcanzados por él y redimidos por su sacrificio hemos descubierto que no estamos solos. Pues cuando nacimos de nuevo, vinimos a integrar una familia y una hermandad que es la de los hijos de Dios. Y hallamos que tenemos una comunión tanto con los que han ido antes de nosotros como con los que nos acompañan como contemporáneos; esto es la comunión de vida nueva en el Mesías.
Esta familia redimida por el Mesías se compone de personas de diferentes etnias; y cada uno hemos tenido que aprender a expresar nuestra fe partiendo de lo que son las costumbres del pueblo que integramos. El salvadoreño es salvadoreño, y expresa su fe en el Mesías como salvadoreño. El uruguayo es uruguayo, y expresa su fe partiendo de costumbres uruguayas. El mexicano, también expresa su fe como mexicano; como el cubano la expresa a lo cubano; el español a lo español. Nuestra diversidad no impide que seamos unidos en el Mesías y en nuestra fe en él, sino en esta diversidad hay una fuerza que es según el plan de Dios. Cada uno trae sus propias capacidades y dones, y éstos emplea y administra para el bien de todos que integramos esta familia que se puede también llamar —como el Apóstol Pablo lo enseña— el cuerpo del Mesías (1 Corintios 12:12-27).
Como los grupos mencionados arriba, personas judías que creen en el Mesías querrán expresar su fe según su propia etnia y costumbres. Y tienen tanto derecho de hacerlo como los demás. Es entendible que en su culto a Dios y en su vida personal expresen su devoción a él en maneras que sean congruentes con lo que ha sido su fondo cultural durante toda la vida. Puesto que es la obra perfecta del sacrificio del Mesías que nos justifica a todos, el judío es librado de tener que hacerse gentil como también éste es librado de tener que judaizar. Como en el caso de las demás etnias, algunas costumbres que no cuadran con su fe y su nueva vida en el Mesías serán dejadas atrás. Otras prácticas vendrán a ser entendidas de una manera nueva al considerarlas a la luz de aquella obra perfecta de Dios realizada en la inmolación y resurrección del Mesías.
De algunos que creen en él, Ud. oirá términos que muy poco se han pronunciado con agrado en ámbitos judíos— palabras como «Cristo», «cristiano», «iglesia», «cruz». Aunque puede ser que Ud. ya sepa su sentido, cabe señalar que corresponden a términos que le han de ser muy conocidos. «Cristo» sencillamente quiere decir «Mesías». Viene de la palabra griega christos que tiene el sentido «ungido» en español y mashíach en el hebreo. «Cristianos» (gr. christianoi), que tiene la misma raíz que aquella, quiere decir «mesiánicos». Es una palabra que fue primeramente usada en Antioquía de Siria para denominar a los creyentes (Hechos 11:19-26). Como esta ciudad era de lenguaje y cultura griega, lógicamente usaban un vocablo de su propio idioma para referir a los mesiánicos en medio de ellos. La palabra «iglesia» viene del griego ekklesía que quiere decir «asamblea» o «congregación». Con esta palabra griega se denomina la congregación del pueblo de Dios en la Septuaginta. Esta traducción de las Escrituras hebreas al griego común de aquel entonces ya estaba en uso durante el primer siglo d. de C., y fue adoptada por los creyentes y las congregaciones de habla griega.
La palabra «cruz», tan usada por los creyentes, presenta un dilema especial para muchas personas de fondo judío. Pues les tiene malas connotaciones porque en ciertas épocas hombres malvados han usado la cruz como insignia de persecución a los judíos. Otros términos como «inmolación», «madero» o «árbol» a veces son usados en su lugar. Estos eufemismos por la cruz y la crucifixión pueden sonar menos chocantes a oídos judíos, y es lógico que los que tratan mayormente con personas de esta etnia las emplearía. Pero sea como fuera su actitud hacia la cruz como palabra o símbolo, espero que la inmolación del Mesías tenga un lugar central en su entendimiento acerca de qué él vino a este mundo a hacer.
Las personas judías que se identifican con el Mesías en su inmolación, reconociendo que murió para redimirles, y quienes confían en su resurrección para lograr justicia delante de Dios hallarán que el lugar que Dios les ha preparado es proféticamente señalado. El Apóstol Pablo ha dicho que si la exclusión de los judíos [de la vida del Mesías] era la reconciliación del mundo, ¿Qué será su admisión sino vida de entre los muertos? (Romanos 11:15). Y algo más adelante el Apóstol profetiza que vendrá tiempo en que todo Israel será salvo (11:26).
Así que los apercibidos entre los creyentes aguardan con anticipación que el pueblo judío se torne del esfuerzo a establecer su propia justicia y acepte la justicia perfecta que el Mesías proveyó para todos los que confían en su obra perfecta y completa. Si los hijos de Israel que, en nuestros días, están reconociendo al Nazareno representan la alborada de este gran acontecer, con doble agrado les damos la bienvenida a la familia de la fe —el sólo cuerpo que Mesías levantó para Dios por medio de su inmolación y su victoria sobre la muerte.
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