La respuesta al problema
de la humanidad

por David L. Moore

Puesto que todo el mundo procura ser feliz, es notable que tantos hay quienes no lo son.  Y hecho aún más intrigantees que, en muchos casos, es la misma búsqueda de placeres y felicidad que conduce a la persona a su desdicha.  Frente a un fenómeno que parece tan paradógica ¿no habremos de buscar su explicación en alguna falla en el mismo carácter humano?

a todos los habitantes del mundo

La Biblia identifica esta falla con el nombre «pecado», e indica que es la causa raíz de todas las congojas y tristezas que azotan el género humano.  Nos afecta a todos los habitantes del mundo, y aunque a menudo nuestros sufrimientos son por causa de los pecados de otros, la Biblia da amplio testimonio que todos estamos involucrados —que todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios (Rom. 3:23).

Algunos piensan que frente a un fenómeno tan universal —«El errar es humano», decimos— Dios habrá de poner el ojo gordo y pasar por alto nuestros yerros.  Pero una consideración adecuada de las medidas que Él ha tomado relativo al pecado indefectiblemente lleva a la conclusión de lo serio que es este asunto a sus ojos.

especialmente amada creación

Sabemos esto en primer lugar porque Dios tomó acción para resolver el problema del pecado.  No dejó al hombre para que simplemente cumpliera la cadena de su pecado.  Pues Dios había dictaminado la muerte para quien transgrediera su mandato.  Pero no permitió que la muerte extinguiera el género que había fallado al desacatar su mandato.  Sino ideó una manera en que el propósito del tentador fuere frustrado y que esta especialmente amada creación de Dios pudiera ser redimida.  A este propósito envió a Cristo a morir por nosotros, como dice la bien conocida cita bíblica:  ;«De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Juan 3:16).

inestimablemente valioso

En segundo lugar —aunque no segundo en importancia— sabemos la seriedad de Dios relativo al pecado por lo inestimablemente valioso que es el sacrificio que Él presentó por salvarnos.  Aunque la Biblia nos dice que nuestra salvación del pecado es por gracia —es decir un regalo— no por esto debemos de pensar que es barato. A decir verdad, la expiación de nuestro pecado fue pagada a un precio de lo más alto.  El apóstol Pedro lo remarca al decir que no fuimos redimidos con cosas corruptibles como la plata y el oro, sino con la preciosa sangre del Mesías —el Hijo de Dios (I Pedro 1:18).  Y el hecho de que Dios dejara derramarse la sangre de su Hijo hasta la muerte por resolvernos este problema muestra que el asunto del pecado no debe de tomarse livianamente sino con toda seriedad y temor reverente.

el poder necesario

Mas el mismo hecho que nos inspira reverencia y temor también nos inspira esperanza, porque, en el inestimable valor del sacrificio, vemos el poder necesario para resolver nuestro problema de pecado.  En lo valioso del sacrificio hecho por nosotros vemos que los más oscuros de nuestros yerros pueden tener perdón, y en la resurrección del quien murió bajo el peso de nuestros pecados vemos la constancia de que Dios, en verdad, los ha borrado y olvidado.

nos invita individualmente

Cristo vino a resolver este problema que toca a toda la humanidad, pero nos invita a aprovechar de su oferta de perdón y absolución individualmente.  «Venid a mí —Él dice— todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.  Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil y ligera mi carga» (Mat. 11:28 ss.).  Lo que no pudieron las penitencias, las buenas obras, y las ceremonias religiosas para darnos alivio de la carga del pecado, Cristo sí pudo tomando la carga nuestra sobre sí y luego resucitando victorioso.  Y ahora por creer en Él, confiando que murió por nosotros, nos ofrece el disfrutar y compartir con Él de su victoria sobre todas las fuerzas que están en contra del ser humano.


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